25/02/08
Mi gran sueño
Te quiero contar
Era una bicicleta
para poder andar
la mía estaba mala
no lo podía lograr
pero llegaste tú
como mandado por
el buen Dios
para cumplir mi sueño
de niño y poder
con mi bicicleta
volar con mis
sueños allá donde
nadie puede llegar
donde solo llegan
los que saben soñar
con su alegre
andar
Que Dios te bendiga
porque cumplir el sueño
de un niño solo se
logra con buena voluntad
Fernando Reyes
07/10/06
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10/08/06
Yo tuve una amiga que se llamó Cecilia
ese no era su nombre pero eso no importa
con Cecilia nos encontrábamos en un parque sin extensiones
un lugar iluminado por sus lagunas
caminábamos sin tocarnos ni hablar
yo al lado de ella ella al lado mío
Cecilia quería ir a un Club de Jazz en esa
extraña ciudad
hoy Cecilia está muerta
murió hace años
Leí la noticia en un diario con despreocupación
porque nunca supe que Cecilia había muerto
porque Cecilia no se llamaba Cecilia
se llamaba papel de diario chilena muerta
sudaca desaparecida chicana quemada
pero era joven y era hermosa
esperaba mis humeantes poemas
¡cuando yo era el huevón más sólo del mundo!
¡Cecilia era el contacto con la otra voz!
con tu voz
murió Cecilia la que soñaba con la revolución la que
soñaba con ese poema
hace muchos años nos abrazamos en ese parque de
luz y última vez
no sabíamos que era la última vez y por siempre
nos abrazamos no más como dos jóvenes chilenos
en el destierro más absoluto
nunca intercambiamos promesas de ningún tipo
porque ella era la promesa porque yo era la promesa
hoy sus huesitos enterrados quizá dónde
hoy los míos temblando vivos
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2/08/06
Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, por que la estaba usando en no se que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.
Y súbitamente, se corrió la voz. Y de buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemando; había quien quería un cóndor y quién una serpiente, y otros preferían loritos o lechuzas y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón
Y entonces en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba mas de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:
- Me lo mandó un tío mió, que vive en Lima –dijo.
- ¿Y anda bien? -le pregunté.
- Atrasa un poco -reconoció.
Eduardo Galeano, Libro de los abrazos (1989)
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1/08/06
En los bancos y en las casas de comercio de este mundo a nadie le importa un pito que alguien entre con un repollo bajo el brazo, o con un tucán, o soltando de la boca como un piolincito las canciones que me enseñó mi madre, o llevando de la mano un chimpancé con tricota a rayas. Pero apenas una persona entra con una bicicleta se produce un revuelo excesivo, y el vehículo es expulsado con violencia a la calle mientras su propietario recibe admoniciones vehementes de los empleados de la casa.
Para una bicicleta, ente dócil y de conducta modesta, constituye una humillación y una befa la presencia de carteles que la detienen altaneros delante de las bellas puertas de cristales de la ciudad. Se sabe que las bicicletas han tratado por todos los medios de remediar su triste condición social. Pero en absolutamente todos los países de la tierra está prohibido entrar con bicicletas. Algunos agregan: “y perros”, lo cual duplica en las bicicletas y en los canes su complejo de inferioridad. Un gato, una liebre, una tortuga, pueden en principio entrar en Bungue & Born o en los estudios de los abogados de calle San Martín sin ocasionar más que sorpresa, gran encanto entre telefonistas ansiosas, o a lo sumo una orden al portero para que arroje a los susodichos animales a la calle. Esto último puede suceder pero no es humillante, primero porque sólo constituye una probabilidad entre muchas, y luego porque nace como efecto de una causa y no de una fría maquinación preestablecida, horrendamente impresa en chapas de bronce o de esmalte, tablas de la ley inexorable que aplastan la sencilla espontaneidad de las bicicletas, seres inocentes.
De todas maneras, ¡cuidado, gerentes! También las rosas son ingenuas y dulces, pero quizá sepáis que en una guerra de dos rosas murieron príncipes que eran como rayos negros, cegados por pétalos de sangre. No ocurra que las bicicletas amanezcan un día cubiertas de espinas, que las astas de sus manubrios arremetan en legión contra los cristales de las compañías de seguros, y que el día luctuoso se cierre con baja general de acciones, con luto en veinticuatro horas, con duelos despedidos por tarjeta.
Julio Cortázar publicado en “Historias de Cronopios y famas” (1962)
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Me miraste
me seguiste
me anduviste sonriendo
recibí tus ademanes
muchos planes haciendo
cuando la curiosidad se me fue mezclando en tus pupilas
tuve la necesidad de saber cosas de vos en pila
y me diste preciosos momentos que tenían gusto a introducción
Y seguiste
me afilaste
me nublaste las horas
me prendiste la sirena
bueno nena ahora
ya caí me enamoré
siento que mi corazón repica
Pero cuando te busqué
cuando entré derecho al área chica
me cerraste la puerta
en la cara y me rebanaste la nariz
Cuando viste
en el mapa
que las papas quemaban
me sacaste de la chancha
lo mas pancha me echaste
desde entonces ando y ando
caminando en busca
de tu nido, de tu cama
de tu llama negrusca
si supiera en cual anden pasa el tren que lleva a tu guarida
o quien sabe si mas bien ando atrás de mi nariz perdida
y al final que me importa saberlo si este es el final de la canción
El portazo del disco “Leo Maslíah en español” (1986)
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